imagen del empresario

Copyright: Forges. El País. 28.02.2012

Qué nefasta es la imagen que se transmite desde la publicidad y desde muchos medios sobre el colectivo de los empresarios españoles. Siempre caricaturizados como personajes cutres, rancios  y prepotentes. Y, si te asomas a las redes sociales, verás que todos esos calificativos y muchos más se vierten a diario sobre quien soportan con sus negocios el tejido productivo del país.

Reflexionando sobre ello, empiezo por reconocer que a lo largo de mi vida profesional yo también me las he tenido que ver en muchas ocasiones con personajes de esa calaña-hasta casi morir en el intento-, como le habrá pasado a muchos, pero eso no me impide apreciar y poner en valor a la mayoría de los empresarios de mi entorno, que son unos cuantos, como personas que merecen como mínimo un reconocimiento por su entrega y su vocación a prueba de todo tipo de desdichas.

En España los empresarios desarrollan su tarea en unas condiciones francamente hostiles: impuestos excesivos, intervencionismo, competencia desleal desde el sector público, falta de crédito y apoyo desde los bancos, morosidad de las Administraciones Públicas -por desgracia, parece que son el principal cliente de las empresas españolas-, mercado en recesión y un altísimo índice de absentismo laboral por parte de los trabajadores, por mencionar sólo algunas cosas. Y, cerrando el círculo maldito, una imagen pública desastrosa y manifiestamente en contra. No está mal para desayunar cada mañana.

Estoy convencida de que muchos de los grandes empresarios que triunfan en otros países -Bill Gates, Steve Jobs, Richard Brandson- por poner algún ejemplo, nunca lo hubieran conseguido de haber tenido que vérselas con el mercado español. Sobrevivir en un entorno como el nuestro es una heroicidad. Y, pese a todo, hay quienes lo consiguen. Será por eso de que el español se crece en la adversidad.

Heroicidades aparte, parece claro que en España los empresarios están necesitados de algo más que un buen lavado de cara y alguna campaña de imagen que les haga un poco de justicia. Lo que realmente hace falta es un cambio profundo en la mentalidad de la sociedad y también, por qué no, en la de los propios empresarios. Para empezar, estos últimos deben ser capaces de aprender a comunicar, compartir sus logros y ejercer un liderazgo social responsable más allá de su entorno  inmediato.

En segundo lugar, y más importante, emprender nuevos caminos. Yo creo que los empresarios tienen que asumir mayores riesgos y la sociedad de aplaudir y facilitar cualquier iniciativa en ese sentido. Hay que encontrar fórmulas que complementen el país de servicios y hostelería que somos, para ser capaces de producir productos competitivos.

Porque emprender un viaje tan incierto sin el apoyo de la sociedad y de los medios -de la Administración ya ni hablamos- se hace francamente complicado.

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