Shtisel. De lo cotidiano y lo trascendente

Después de ver los 24 capítulos de la serie Shtisel (Netflix, diciembre 2018)  tengo la sensación de que voy a tardar bastante tiempo en encontrar otra historia que me cautive tanto. 

Shtisel narra el devenir cotidiano de una familia de la comunidad ortodoxa judía, los haredi, cuyas vidas transcurren en Geula y Mea Shearim, esos barrios de Jerusalén donde la religiosidad impregna cada rincón de la vida cotidiana.

Los protagonistas de la serie son personas de carne y hueso, sienten y padecen de la misma manera que lo hacemos el resto de los mortales, quiero decir que no son extraterrestres, ni zoombies, ni esos seres imaginarios que se prodigan en las series actuales y, sin embargo, habitan en un mundo imposible de entender para los de fuera, aunque sea tan real como el de cualquiera de nosotros.

 

Enamoramientos, infidelidades, traiciones, renuncias, miedo a la soledad, generosidad, relaciones que no son fáciles entre padres e hijos conforman la trama a lo largo de los capítulos, pero es el conflicto íntimo de cada personaje entre el deber y su deseo más profundo, entre la comunidad y la individualidad, lo que da sentido a esta historia. 

Shtisel es la lucha de hombres y mujeres por no dejar de ser ellos mismos y a la vez seguir formando parte un grupo al que no discuten y al que no se enfrentan porque para ellos, más allá de los límites del barrio solo hay  “infieles”. En esta trama no hay personajes inadaptados, solo seres que buscan su espacio dentro de los muy estrechos márgenes de su barrio, que es como decir el mundo, porque ni televisión tienen con la que asomarse a otras realidades.  

La grandeza de esta historia está en la intimidad del alma de los protagonistas y en los detalles cotidianos de su vida. Todo lo que importa sucede en la cocina de la casa, en la mesa del comedor, en el balcón desde el que miran el transcurrir de la vida en el barrio. Y es ahí donde los gestos de sus protagonistas son grandes, sobre todo en la renuncia y en el perdón, verdaderos ejes sobre los que gira esta historia tan auténtica.

La banda sonora está a la altura del guión y de las interpretaciones de los personajes protagonistas, tan creíbles en sus papeles que cuesta imaginarlos fuera del barrio y de su indumentaria cotidiana. Además, el hecho de que la serie no esté doblada aporta todavía más realismo al conjunto. 

 Creada y escrita por Ori Elon y Yehonatan Indursky, Shtisel se estrenó en Israel el 29 de junio de 2013 y ha sido el mayor éxito de la televisión del país hasta la fecha. 

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Esta entrada tiene 2 comentarios

  1. No he visto la serie, Paloma, por lo tanto no puedo decir si comparto tu visión o no. Pero según lo narras tu, me han entrado ganas de verla. El ser humano al desnudo. Aunque se me antoja una pregunta, ¿no es muy pobre limitarte a tu universo y no discutirle nada al orden al que perteneces?
    Un abrazo

    1. Gracias, Josefina. Supongo que hay muchos libros o películas que muestran la otra parte, quiero decir la de los inadaptados que luchan por escapar de un entorno tan asfixiante, pero no así en esta serie en la que la conformidad con las normas y la forma de vida es total y eso es, en mi opinión, lo que la hace tan interesante. A mí me ha hecho ver que hay mucha belleza en la aceptación y en la renuncia. Un beso.

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