Silicon Valley no es país para mujeres

Silicon Valley no es país para mujeres

Los cambios tan impactantes que se están produciendo como consecuencia del avance de las TIC en este  primer cuarto del siglo XXI afectan de una manera tan decisiva a nuestras vidas que conviene pararse y reflexionar sobre ello. Y no sólo porque hayan revolucionado nuestra manera de vivir sino porque son, en buena medida, la causa de que muchas industrias, entre ellas las dedicadas a la comunicación y al entretenimiento, estén completamente desorientadas, incapaces de encontrar, de momento, la manera de responder a los retos que afectan al sector.

Hace unos días asistí a una conferencia de Bernardo Hernández, alto ejecutivo de Google, en la Fundación Rafael del Pino.  Hablaba en su charla de las empresas tecnológicas, que es como decir las empresas que  cuentan y de Silicon Valley, ese lugar donde se está escribiendo, a base de códigos de programación informática, el presente y el futuro de la humanidad. Para empezar, Bernado Hernández comentó que las cinco empresas de perfil tecnológico más importantes del mundo (Google, Apple, Facebook, Oracle y alguna venture capital del sector), suman una facturación que equivale o supera en algunas cifras a toda la riqueza de España. En estos momentos, según el Banco Mundial, España ocupa el puesto doce entre los países más ricos del mundo .

Silicon Valley es, pues, un lugar donde la facturación de solo algunas de sus empresas supera el PIB de la mayoría de los países mundo, incluyendo España. Y no solo eso, es el lugar donde cada día multitud de ingenieros informáticos deciden qué va a ser importante y qué no en las vidas de todos nosotros. Y así, en chanclas y bermudas crean  productos que contribuyen a hacer caer gobiernos, empresas y sectores enteros, y provocan conflictos diplomáticos de primer nivel. Sin duda también hacen nacer cosas igualmente beneficiosas para la humanidad, como, por ejemplo, facilitar la inteligencia compartida, acercar la educación a mucha gente y obligar a una mayor transparencia a los gobiernos y los gestores del dinero público.

Allí se decide también lo que está bien y lo que está mal, hasta dónde llega nuestra privacidad y cómo tenemos que establecer nuestras relaciones personales y amistosas e, incluso, buscar pareja. (Dato: las redes sociales son ya hace tiempo el sistema más utilizado en Estados Unidos y algunos otros países para ligar, muy por delante de los sitios tradicionales como bares, oficinas  o el autobús, sin ir más lejos).

Jack Dorsey, CEO  de Twitter, en una entrevista para la revista Techcrunch reconoció que había decidido mudarse a vivir a un barrio de San Francisco y coger el autobús a diario para ir a trabajar. Hasta ahí, todo “normal”, si fuera normal que un CEO vaya al trabajo en autobus. Lo preocupante llega cuando Dorsey desvela los motivos de su traslado: “en Silicon Valley, muchas compañías tecnológicas ya no saben cuáles son los problemas que enfrentan los estadounidenses reales”. ¡Imaginemos, entonces, cómo será respecto al resto del mundo!.

Otro dato dato  revelador sobre las empresas tecnológicas es el que hace referencia al título de este post: casi no hay mujeres trabajando en ellas como ingenieros. Así lo reconoció con cierta pena Bernardo Hernández, durante su charla en la Fundación Rafael del Pino. Y esta situación refuerza el aislamiento de Silicon Valley respecto del resto del mundo del que hablaba Jack Dorsey. Si las mujeres son como mínimo el 50% de la población mundial, estaría bien que tuvieran mucho que aportar en este escenario tecnológico en el que se ya se desarrolla nuestra vida. Y no sólo como usuarias o directivas-que alguna importante hay-, sino como creadoras. De otra manera estamos en manos de esos chicos informáticos. Pero ocurre que a las chicas no les gusta estudiar informática. Y aquí lo de las cuotas no cuela.

Para concluir, lo que dejó claro Bernardo Hernández es que los puestos de trabajo, presentes y futuros, están y estarán íntimamente ligados a la tecnología. Las empresas que crecen y ofrecen trabajos son empresas tecnológicas y los puestos que hacen falta en las empresas llamadas tradicionales son de perfil tecnológico. Y es que quien no utilice la tecnología de manera fluida ha dejado de ser competitivo, así de claro. (Esperemos que no sea este otro tren que pierdan las mujeres.)

Nota: Bernardo Hernández es el creador de un proyecto llamado STEP ONE,  Jóvenes con futuro, becado por la Fundación Rafael del Pino. El proyecto consiste en una selección anual de los mejores ingenieros informáticos españoles para trabajar seis meses en prácticas en una start-up de Silicon Valley. Una oportunidad para jóvenes españoles con talento de conocer a fondo el funcionamiento de estas empresas punteras para que, a su vuelta a nuestro país, aporten los conocimientos que han adquirido a empresas españolas o bien creando sus propias star-ups. Y esto es posible porque los conocimientos que adquieren van mucho más allá de la informática para adentrarse en la creación y la gestión global de estas empresas tecnológicas que revolucionan el mundo.

(Y ninguna chica presentada hasta la fecha).

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