The Mad Men blues

The Mad Men blues

mad-men-of-the-year-jon-hamm-gq-01He devorado la serie de televisión  MAD MEN en dos meses de verano y aquí estoy, atrapada por la belleza, el magnetismo  y la sofisticación de su personaje protagonista, el ya icónico Don Draper. Imposible no sucumbir a un guión que no da tregua en un solo capítulo durante siete temporadas, y no sentirse fascinada por el reparto de personajes que componen esta historia que se desarrolla entre 1960 y 1970, década que coincide con los años más locos de la publicidad (de ahí el título de Mad Men).

La historia que cuenta MAD MEN no nos ahorra nada sobre el lado más oscuro de la condición humana y, con toda su carga políticamente incorrecta, desvela ante nuestros ojos los dramas, las decepciones, las envidias y la brutalidad en la que se desarrolla el día a día de sus protagonistas, pese a que su apariencia exterior sea la de los triunfadores.

MAD MEN es una historia cautivadora de seres humanos al límite, sometidos a una profesión, la publicidad, que esconde una dureza y un nivel de exigencia personal muy por encima de la leyenda que ha construido en torno a sí misma.
21UNBUTTONED-master1050. New york times

 

 

 

 

 

Entre el humo de los Lucky Strike que fuman incesantemente  deambulan personajes desesperados por los pasillos de un edificio de ensueño del Madison Avenue más glamuroso. Siempre elegantes y perfectamente peinados desfilan por la pantalla como si su vida fuera una fiesta perpetua y no una sucesión de dramas que soportan a base de tragos de whisky y de relaciones imposibles.

Capítulo tras capítulo MAD MEN muestra minuciosamente  el machismo, el racismo, la violencia, la crueldad, la prepotencia, el acoso, la falta de escrúpulos,  la sordidez, las infidelidades, las traiciones y la estupidez humana que abunda en las agencias. Y, de vez en cuando, y solo de vez en cuando, un destello de luz en algún personaje para que la vida no resulte del  todo insoportable. Por eso, como bien aconseja Joan, la secretaria bombón, trepa hasta vender su alma al diablo, “si eres de las que juzgan a los demás, no te dediques a esta profesión” .

No solo es el alma humana la protagonista de esta historia; también lo es el trabajo de la agencia muy bien dibujado en el guión y en el podemos sentirnos bien reflejados los que hemos trabajado en alguna de las agencias protagonistas de la serie como es el caso McCann Erickson, que no sale muy bien  parada, por cierto. Las relaciones siempre tensas y difíciles entre cuentas y creatividad, la disyuntiva entre agencia creativa o agencia de medios, los concursos, las presentaciones, la euforia cuando se gana una cuenta, el drama cuando se  pierde y tras ella se van los puestos de trabajo del equipo, el proceso creativo, las presentaciones, las meteduras de pata, los enchufes, las reuniones imposibles, los clientes que no saben lo que quieren, los que lo saben demasiado bien…El día a día complicado y absorbente de los que nos dedicamos a esto. Y es que como dice Bert Cooper, excéntrico personaje fundador de  Sterling Cooper, la agencia protagonista: “Esta es una profesión en la que o eres sádico o eres masoquista. Elige en qué lado quieres estar”.

Matthew Weiner es el  creador de esta historia redonda que sostiene sobre sus hombros el hasta ahora desconocido actor Jon Hamm, capaz de hacer querible a un personaje tan aparentemente frio y distante como el torturado Don Draper quien, capítulo tras capítulo y a lo largo de los años, va despojándose de su propio personaje hasta convertirse en alguien muy humano y muy real.

Y, como  despedida, un anuncio de coca cola que recuerdo perfectamente de mi infancia y que cierra brillantemente una serie irrepetible que ya es historia de la mejor televisión.

Hasta siempre, Don Draper, handsome!

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